La peor visita de Francisco.

January 19, 2018

 

 

A diferencia de lo que sucede cuando los argentinos cruzan la frontera con valijas llenas de ropa y electrodomésticos baratos, la visita del Papa a Chile no fue de las mejores que realizó en estos últimos cinco años. Algunos la describieron como la peor gira del Papa en su Pontificado. Con menos fieles de lo que se esperaba, escándalos de pedofilia y violencia callejera, el país sudamericano se convirtió en un calvario para el Sumo Pontífice. ¿Por qué Chile fue un destino tan hostil para Francisco?

 

¿Es Chile un País Católico?

 

A raíz del desencanto y las críticas observadas ante la visita de Francisco, esta pregunta que se realizó en 1941 Alberto Hurtado, vuelve a generar interés. Hurtado (Jesuita como Bergoglio), fue una de las figuras más destacadas de la iglesia chilena en el SXX. Tanto es así, que desde 2005, corresponde llamarlo San Alberto Hurtado, tras la canonización hecha por Benedicto XVI.

 

 

Cuando el ahora San Alberto Hurtado se hizo esta pregunta en 1941, Chile era un país convulsionado políticamente, bajo la presidencia de Pedro Aguirre Cerda, que moriría unos meses después. En el plano económico, la situación distaba de ser la actual, con una inflación del 30% anual y un 44% de la población por debajo de la línea de la pobreza, “¡Qué horriblemente mal vive nuestro pueblo!” exclamó indignado San Alberto Hurtado, haciendo referencia a las condiciones de hacinamiento y extrema miseria en las que vivían las clases más bajas.

 

Sin embargo, y salvando las distancias, el santo chileno puede ayudarnos a entender por qué la visita del Papa a Chile, fue definida como la peor de su pontificado.

 

 

 

¿Por qué Francisco no tuvo éxito en Chile?

 

Si bien Francisco congregó a 400 mil personas en el Parque O’Higgins, hay que decir que hace 53 años, Eduardo Frei Montalva (Partido Demócrata Cristiano) convocó a 350 mil jóvenes en el mismo lugar para el cierre de su campaña presidencial. Es decir, la convocatoria de fieles estuvo lejos de ser un evento masivo como se esperaba. ¿Los motivos?: A grandes razgos tres.

 

El primero, o el más visible, tiene que ver con la

presencia del obispo de Osorno, Juan Barros, en la misa del Parque O’Higgins, a quien se lo acusa de tener conocimiento sobre los delitos cometidos por el sacerdote Fernando Karadima.

 

El segundo, aunque más discutible, tiene que ver con la seguridad. Y es que a raíz de la quema de iglesias y diversos atentados cometidos en los días previos, mucha gente decidió ver el evento desde la tranquilidad de su casa.

 

Sin embargo, el tercer elemento (y el más importante) tiene que ver con (en palabras de San Alberto Hurtado), la profunda “crisis de la fe” que atraviesa la sociedad chilena. Es que, a pesar de que la Democracia Cristiana continúa teniendo un peso considerable en la política, la Pontificia Universidad Católica es una de las dos más prestigiosas del país y la iglesia aún conserva un poder considerable, el factor de fondo que explica por qué a Francisco no le fue tan bien, tiene que ver con la perdida de la religiosidad de la sociedad chilena.

 

Hoy en día, uno de cada cuatro chilenos se declara agnóstico/ateo

 

Junto con Uruguay, Chile es de los países de herencia hispánica que más ha rechazado el legado de la religión católica y que cuenta con un menor porcentaje de fieles.

A diferencia de lo que sucede en Brasil o América Central, donde la Iglesia Católica pierde fieles por la profunda penetración de las iglesias evangélicas, tanto en Chile como en Uruguay, es el ateísmo su principal competidor. De hecho, según números de Latinobarómetro, hoy en día, uno de cada cuatro chilenos se declara agnóstico/ateo.

 

Este fenómeno sin duda no es nada nuevo. En 1941, setenta años antes de que Francisco llegara a ser el Papa de la Iglesia Católica, los números de Alberto Hurtado decían que solo el 9% de las mujeres y el 3.5% de los hombres asistían a misa todos los domingos. Ante esa situación, y con un estilo similar al de Francisco, Hurtado realizaba una fuerte crítica al clero tradicional del país, identificado como el culpable de perder el vínculo de la iglesia con los sectores más vulnerables de la sociedad.

 

En definitiva, todas estas líneas sirven también para aclarar que a Francisco no le fue mal en Chile por ser argentino. O al menos esa no fue la única razón. 

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