El futuro de Cataluña: 3 factores que pueden destrabar o empeorar la crisis.

October 1, 2018

A un año del referéndum independentista, la violencia se volvió a adueñar de las calles catalanas, y vuelve a surgir una inevitable pregunta: ¿Se puede volver a una convivencia armoniosa entre Cataluña y el resto de España? Eso dependerá de tres factores: La distribución de fuerzas en el Parlament, el liderazgo político local y central, y la capacidad del presidente de gobierno Pedro Sanchez de articular las demandas de distintos sectores.

 

 

 

El rol de los partidos catalanes

 

El juego político al interior del Parlament catalán es por demás interesante, y resulta indispensable para comprender la situación política que vive esta comunidad autónoma.

 

Hoy en día, tras las elecciones convocadas por el gobierno español el 21 de diciembre de 2017  luego de disolver unilateralmente el parlamento catalán, el organismo se encuentra presidido por Roger Torrent, del partido independentista Ezequerra Republicana (ERC) en alianza con Junts per Catalunya, heredero del Junts pel Si de Carles Puigdemont. Esta alianza independentista lidera el parlamento con 66 escaños, a los que se le suman los 4 de CUP, un partido antisistema y también independentista con los que alcanzarían la mayoría absoluta.

 

Sin embargo, la fuerza más votada en las elecciones del 21-D no fue ninguno de estos partidos, sino Ciudadanos, una de las fuerzas políticas que ha irrumpido España en el SXXI generando un fuerte desequilibrio en los sistemas partidarios.

 

Es que, justamente, desde hacía unos años, los partidos catalanes que habían dominado la política local tras el fin del franquismo, venían perdiendo poder frente a los nuevos partidos como Ciudadanos. Ante esta situación, y repetidas denuncias por corrupción, el endurecimiento de la reivindicación independentista les sirvió para continuar manteniéndose en el poder.

 

Sin embargo, hoy en día, Ines Arrimadas (Líder de Ciudadanos en Cataluña), no ha conseguido capitalizar su victoria liderando un bloque unificado de constitucionalistas o anti-independentistas. Por esto, ante la fragmentación de este sector, el independentismo continua liderando el Parlament, aunque debilitado sin la presencia de sus líderes.

 

Ante esto, se observa una política local altamente polarizada, que hoy por hoy está dificultando la toma de buenas políticas de gobierno. 

 

El juego del gallina

 

En el caso de la crisis catalana, el rol de los líderes políticos de los distintos sectores ha sido un factor que contribuyó al endurecimiento de la situación. Ambos sectores han estado jugando lo que se conoce en teoría de los juegos como El juego del gallina. En esta ilustración, dos conductores de automóvil aceleran a toda velocidad en direcciones opuestas por una carretera mano única, avanzando hacia una colisión casi segura. El truco es que el que decida quitar el pie del acelerador, o correrse hacia un costado, será el más gallina y por ende perderá este juego de suma cero. Lógicamente, ninguno de los actores quiere quedar como “el perdedor”. Pero casualmente en política, y especialmente en democracia, no existen juegos de suma cero. Negociar es la clave del éxito de cualquier sistema.

Esta situación, llevó la cuestión catalana a una escalada de conflicto que se tradujo en un estallido social el 1 de octubre pasado. Tanto el gobierno de Madrid, liderado por Mariano Rajoy (PP), como la coalición independentista encabezada por Carles Puigdemont e incluso la oposición local donde se destaca la crecientemente popular figura de Inés Arrimadas (Ciudadanos), no han dejado de pisar el acelerador, y eso no puede llevar a otra cosa que una colisión, como la que se vió en Octubre pasado, y en los últimos sucesos de tensión social y violencia en las calles catalanas, donde en los últimos días, manifestantes han interrumpido vías de transporte e incluso intentaron irrumpir en el Parlament.

 

En principio, el movimiento separatista convocó a un referéndum independentista violando la constitución española de 1976. Sin tener además una mayoría clara en el voto popular. Por su parte, el gobierno de España, decidió reprimir a aquellos que asistían a las urnas, dejando un saldo de 500 heridos, y luego, en lugar de establecer el diálogo con el sector independentista buscó encarcelar a los cabecillas de los partidos. En efecto, Carles Puigdemont (Junts Pel Si), se encuentra hasta hoy exiliado en Bruselas.

 

Pedro Sanchez en su laberinto

 

Pedro Sanchez (PSOE) accedió en junio de 2018 a la presidencia del gobierno de España tras una salida conflictiva del poder de Mariano Rajoy (PP), con el fin de impulsar en una nueva dirección al gobierno. 

 

La España que piensa Sanchez  es una nación de naciones, o un Estado multicultural. Esto implica un importante giro con respecto al liderazgo de Rajoy, mucho más inflexible y menos abierto al dialogo con los independentistas.

 

Por otro lado, la voluntad de proyectar una visión más progresista de España (Incluso incorporando al gobierno al partido Podemos), es bien recibido por los votantes catalanes, que constantemente remarcaban al conservadurismo de Madrid como una de las causas de su voluntad separatista. Y es que tal vez Barcelona sea una de las ciudades más progresistas de todo el país, y es por eso que los partidos que dominaban tradicionalmente la política nacional no lograban hacer pie en tierras catalanas.

 

Al menos desde la visión del nuevo presidente de gobierno, esto permitiría que el PSOE se vuelva a ganar a los votantes catalanes, especialmente en Barcelona. Aunque en esta situación encuentra la resistencia de los partidos menos flexibles con los independentistas, como es el caso de Ciudadanos. Albert Rivera, líder nacional de este último, ha presionado fuertemente en los últimos días a Sanchez para que imponga mano dura otra vez en Cataluña, y controle definitivamente el caos callejero que se está viviendo.

 

La cintura política del nuevo presidente de gobierno será fundamental para poder por un lado negociar con los independentistas con una lógica independentista, pero al mismo tiempo evitar tensiones con el PP y Ciudadanos, que no comparten esta decisión, y ven además un factor de debilidad a explotar en el líder del PSOE.

 Pedro Sanchez (PSOE) y Carles Puigdemont, líder independentista catalán

 

Esta no es la única región en el mundo – y ni siquiera la única región en España - donde las identidades locales entran en tensión con entidades políticas y culturales más grandes. El diferencial entre un país donde puedan convivir distintas naciones armónicamente y otro en el que no, es el liderazgo político tanto central como local, y la voluntad de esas comunidades de ceder algunas cosas para hacer esa convivencia efectiva. ¿Estará esta vez el liderazgo político a la altura?

 

 

 

 

 

 

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