7 claves para entender la Política Exterior de Donald Trump (Y el nuevo orden internacional iliberal)

September 28, 2018

El discurso de Donald Trump en Naciones Unidas el pasado martes fue una verdadera declaración de principios sobre la nueva política exterior de orientación anti-globalista que está tomando Washington, que expresa una nueva visión del escenario internacional. ¿Caso aislado o tendencia global?

 

 

Desde hace 73 años, el edificio de la Asamblea General de Naciones Unidas, ha sido protagonista de discursos históricos. Su célebre mármol verde musgo, fue el fondo de importantes manifestaciones que marcaron una época y buscaron explicar las oscilaciones del escenario internacional.

 

El discurso de Donald Trump el pasado martes no fue la excepción. En la misma sede del multilateralismo liberal, Trump sentó las bases de su visión antiglobalista e iliberal del mundo.

Leer este discurso simplemente como fruto de la personalidad de Trump, sería un gravísimo error analítico. Muy por el contrario, resulta una declaración de principios, cargada de contenido teórico y enormemente útil para retratar el nuevo escenario internacional.

 

A continuación, algunas claves del discurso que además nos servirán para entender algunos elementos clave del mundo iliberal.

 

1. La política exterior como una herramienta de política interna.

 

La primera parte del discurso se centró más bien en la política interna, y bien podría haber sido parte de un discurso ante el Congreso Nacional. Allí Trump definió a su administración como la mejor de la historia norteamericana. Según su visión, en los últimos dos años, Estados Unidos se volvió un país más rico, poderoso y seguro.

 

Dentro de las distintas tradiciones de la política exterior norteamericana retratadas por Walter Russel Mead, la de Donald Trump puede ser calificada como Jacksoniana. Andrew Jackson ha sido considerado como el primer presidente populista de Estados Unidos (1829 - 1837), y su discurso estaba cargado de una retórica nacionalista, que podría compararse con el America First de Donald Trump. Los Jacksonianos creen que la política exterior debe subyugarse a la política interna, y no buscar deliberadamente la hegemonía en el escenario internacional, sino más bien concentrarse en el bienestar económico de sus ciudadanos.

 

2. Antiglobalismo

 

Sin pelos en la lengua, y nada menos que en la sede de Naciones Unidas, se declaró en contra de la ideología globalista que caracterizó al mundo desde la caída del muro de Berlín, posicionándose como un defensor de la tradición y la cultura de cada país.

 

Esto sin duda resulta un desafío paradójico en sociedades urbanas cada vez más multiculturales, pero sin embargo tiene sentido en el interior profundo de Estados Unidos, donde se encuentra la mayoría de su electorado.

 

Trump criticó fuertemente a las instituciones internacionales como la Corte Penal Internacional, e incluso implícitamente a Naciones Unidas. Esta tendencia anti-globalista o iliberal también ha cobrado gran fuerza e incluso llegado al poder en algunos países europeos como Polonia, Italia, Hungría o Eslovenia. Incluso ha inspirado ideológicamente al BREXIT y es la tendencia dominante en los partidos de extrema derecha que preocupan a Francia, Austria, Suecia y Alemania, entre otros países.

 

 

 

3. Proteccionismo económico.

 

En este mismo sentido, defendió el nacionalismo económico, y planteó la necesidad de reformar el sistema de comercio internacional. ¿Es esto posible en un mundo con cadenas de valor cada vez más integradas?

 

Criticó a la Organización Internacional del Comercio y defendió la renegociación de acuerdos comerciales con México y Corea del Sur, anticipando que son solo el comienzo.

 

Paradójicamente, el gran garante del liberalismo económico hoy es China, un país parcialmente comunista. Si bien Trump lo acusó de utilizar políticas de dumping y de incumplir las normas de propiedad intelectual, fue sumamente cuidadoso a la hora de referirse al presidente Xi Xinping, a quien calificó como un amigo.

 

4. Anti-intervencionismo

 

Otro importante elemento que marca un giro en la Política Exterior Norteamericana. Desde la perspectiva jacksoniana, el gobierno federal, solo debe intervenir en el mundo cuando esté en peligro la seguridad física y/o el bienestar económico de los americanos. No creen en una política exterior moralista, en la que Estados Unidos se desviva por acabar con dictaduras extranjeras o evitar genocidios y tampoco ven con buenos ojos luchar por el sostenimiento de un orden mundial de libre comercio.

 

Esto es una marcada diferencia con la política exterior de su antecesor republicano en el poder: George Bush, que buscó junto con sus asesores neoconservadores expandir la democracia en Medio Oriente.

 

5. Nuevos amigos y nuevos enemigos

 

Durante su discurso, Trump elogió y criticó a distintos líderes mundiales, dejando clara su particular visión del mundo.

 

En la región de Medio Oriente, se involucró directamente en la guerra fría que viven Arabia Saudita e Irán, orientándose claramente por el primero. Esto no es una novedad, ya que la monarquía sunita ha sido aliada de Estados Unidos desde hace más de 70 años. Sin embargo, sí implica un giro con respecto a la política exterior de los últimos años de Obama-Kerry, que buscó un mayor acercamiento a Irán. Trump, calificó a los gobernantes de este país como dictadores y corruptos, y defendió la salida de Estados Unidos del acuerdo de desnuclearización. La República Islámica de Irán ostenta hoy el lugar de gran enemigo internacional del gobierno norteamericano.

 

 

 

Con respecto a Europa, también hay un giro curioso. Contrario a la tendencia general en la diplomacia norteamericana, Trump se mostró más cercano a presidentes de Europa Oriental como Andrzej Duda (Polonia), que a países como Francia o Alemania, a quienes criticó indirectamente por aprovecharse del gasto y la asistencia militar de Estados Unidos mediante la OTAN. El guiño al presidente polémico polaco no resulta llamativo, ya que comparte la misma visión del mundo iliberal, antiglobalista y nacionalista que tiene Trump.

 

Su mirada a la región de Asia Pacífico fue sumamente cauta. Se mostró cercano políticamente tanto a Xi Xinping (China), Kim Jong Un (Corea del Norte) y Moon Jae In (Corea del Sur).

 

6. El rol de America Latina

 

Aquí no se han visto grandes cambios. Desde la caída del muro de Berlín, la importancia relativa de Latinoamerica para la política exterior norteamericano ha venido decreciendo. Y el principal interés ha rondado alrededor de cuestiones relacionadas con el narcotráfico y la migración.

 

El único giro con respecto a la política exterior de Obama, puede verse en el enfriamiento de las relaciones con Cuba. En este discurso Trump se ocupó de criticar fuertemente a los regímenes socialistas latinoamericanos (Cuba y Venezuela) y sus consecuencias en la población. Calificó a Venezuela como un desastre humanitario.

 

Nuevamente, volviendo a su tendencia antiglobalista, criticó al Dialogo Internacional sobre la Migración y aclaró que la política migratoria debe ser definida dentro de cada país, y no por una organización internacional.

 

7. El desordenado mundo de Trump.

 

Todo líder internacional tiene una determinada visión de cómo debería ser el mundo. El prden internacional al que aspira Trump puede definirse como iliberal y antiglobalista. Y resulta una reacción ante los avances de la globalización y el liberalismo económico de los últimos 25 años.

 

La estrategia liberal, planteada por Estados Unidos desde 1945 pretendía lograr un orden internacional basado en reglas y administrado por una serie de instituciones multilaterales que garanticen el libre comercio y movilidad de bienes, servicios y personas. Este mundo, iría transformando los estados nacionales en democracias multiculturales que progresivamente irían cediendo su soberanía en algunos aspectos a las instituciones internacionales como Naciones Unidas.

 

El mundo trumpiano es muy distinto a este. No hay un verdadero interés por exportar la democracia y mucho menos los valores liberales. Hay una defensa irrestricta a la soberanía nacional por sobre las instituciones internacionales, y una reivindicación de las identidades nacionales, el patriotismo y los valores locales por sobre el multiculturalismo. En términos económicos, un mundo mucho más proteccionista, que restringe el comercio internacional y busca impulsar la producción local.

 

Pero esto no es solo una visión aislada de un líder político muy particular como lo es Donald Trump. Sino que conforma una nueva forma de entender el mundo, hija de la crisis financiera de 2008 y cada vez más extendida en Europa, que está haciendo tambalear las bases mismas de la Unión Europea, y del orden internacional como lo conocemos.

 

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