El Clan Haqqani: El grupo terrorista que amenaza Afghanistán.


Afganistán ha vuelto a la plana mayor de la política internacional. Luego de que un atentado en el distrito diplomático de Kabul dejara al menos 90 muertos, Donald Trump anunció que enviará más tropas a ese país. El servicio de inteligencia afgano responsabiliza al clan pakistaní Haqqani del ataque mientras que las autoridades de Pakistán niegan su participación. ¿Qué se esconde detrás de esta disputa diplomática?

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“PRIMERO, LOS COMUNISTAS ME QUEMARON LOS LIBROS, LUEGO LOS MUYAHIDIN SAQUEARON LA LIBRERÍA Y, FINALMENTE, LOS TALIBANES VOLVIERON A QUEMAR MIS LIBROS” SULTAN KAHN. EL LIBRERO DE KABUL – ÅSNE SEIERSTAD

Afganistán en llamas (Otra vez).

Un atentado terrorista dejó al menos 90 muertos y 500 heridos en una de las zonas más transitadas de Kabul, la capital de Afganistán. El hecho se produjo en el distrito diplomático de la ciudad, y afectó a las embajadas de Irán, Reino Unido, Alemania, Emiratos Árabes y Turquía, entre otros, así como también al hotel Kabul Star, desde donde opera la Central de Inteligencia Americana (CIA).

Este tipo de hechos no son nuevos en el escenario afgano. Como relata el personaje Sultan Kahn, en la entrevista novelística que le hace la periodista nórdica Åsne Seierstad en “El Librero de Kabul”, los afganos están acostumbrados a que su país sea destruido una y otra vez. Afganistán se encuentra en permanente conflicto político, sectario y religioso desde hace cuarenta años. La invasión soviética en los 80, el avance talibán en los 90 y la invasión norteamericana en 2002, dejaron un país diezmado.

El resultado político fue la expulsión de los talibanes de los puestos más altos de la administración nacional, y su reemplazo por figuras leales a Estados Unidos que permitieran a las tropas de dicho país y de la OTAN total discrecionalidad en el territorio. Hamid Karzai (2004 – 2014), fue sucedido en el cargo de Presidente por Asharf Ghani Ahmadzai, quien convocó para el martes 6 de junio la Conferencia de Paz de Kabul, donde representantes de distintas potencias debatieron sobre cómo detener el crecimiento de los talibanes y el ISIS en el país.

Durante este último tiempo, el poder de los talibanes en la zona fronteriza afgano-pakistaní ha crecido considerablemente, y con la inminente derrota del yihadismo en la zona del Levante Mediterráneo (Siria e Irak), muchos combatientes se comenzaron a trasladar a este sector, debido a que la geografía montañosa lo hace un refugio ideal para grupos insurgentes.

Uno de los grupos que más han acrecentado su poder en los últimos años es conocido como la Red Haqqani, responsabilizado por los servicios de inteligencia afganos de cometer el ataque terrorista en el distrito diplomático.

La red Haqqani, el clan más peligroso.

Los Haqqani, son miembros de la tribu zadrán, originarios de la provincia afgana de Paktia. Sin embargo, tras la invasión soviética en 1979, se establecieron en el noroeste de Pakistán para organizar la resistencia.

Jalaluddin Haqqani, fundador y líder del clan fue un destacado guerrillero muyahidín durante ese periodo y recibió el apoyo financiero y militar de Estados Unidos mediante la CIA y del Servicio de Inteligencia Pakistaní (ISI). Hoy en día, por razones que resultan evidentes, su vínculo con la CIA está roto, y su clan es uno de los blancos más buscados por Washington. Sin embargo ¿Esto fue así también con el ISI? Para los afganos, no cabe duda de que no.

Con la caída de los soviéticos, los talibanes comenzaron a tomar poco a poco todas las ciudades de Afganistán y el clan de Jalaluddin Haqqani no fue la excepción, sino que fue una parte importante de gobierno del Mullah Omar (1996 – 2001).

Sin embargo, tras la invasión norteamericana volvieron a pasar a la clandestinidad, refugiándose principalmente en la zona de Waziristán del Norte, en Pakistán.

Algunos informes publicados en 2015 anunciaron la muerte de Jalaluddin Haqqani, aunque miembros del clan lo han desmentido. Lo cierto es que en la práctica, quien toma las riendas de la red es el hijo de Jalaluddin, Siraj Haqqani.

Hoy en día, el clan opera por fuera de la jurisdicción de los talibanes afganos liderados por el Mullah Hibatullah Akhundzada, con sede política en Baluchistán y es uno de los principales grupos yihadistas de la zona.

Siraj Haqqani lidera una red delictiva de entre 5 y 15 mil hombres cuyas principales actividades son los secuestros extorsivos y tráfico de drogas y que en los últimos años ha realizado un sinnúmero de atentados terroristas. Su infraestructura y logística es mucho más sofisticada que la del resto de los talibanes, por lo cual resulta ser el grupo más temido por el gobierno afgano.

Su poder se ha expandido a varias provincias de Afganistán y las zonas tribales pakistaníes, por lo cual, su influencia resulta una amenaza para el gobierno afgano y una referencia inmediata para los islamistas radicales de la región.

La conexión pakistaní: un aliado indeseado.

Si bien Pakistán suele ser etiquetado como un aliado norteamericano en el juego geopolítico regional, en la práctica la relación entre estos países es mucho más compleja. Pakistán es el único país del mundo islámico en haber logrado desarrollar armas nucleares, y ostenta ese poder en el escenario internacional para tomarse ciertas licencias que no le serían permitidas a otro país.

El servicio de inteligencia pakistaní (ISI), ha sido acusado por Washington en numerables oportunidades de apoyar grupos terroristas utilizando la ayuda militar norteamericana. Según la CIA, Pakistán estaría dando protección a grupos yihadistas como el de Haqqani, a cambio de apoyo para combatir a su principal enemigo en todo el mundo: India.

India y Pakistán en fueron parte del Raj de la India, la colonia británica en la zona hasta 1947. Sin embargo, a pesar de su separación fronteriza, ambos países mantienen hasta hoy disputas territoriales en algunos territorios cuya participación resulto conflictiva. El más conocido y controversial es el de la zona de Cachemira.

Según algunas fuentes, el ISI ve al clan Haqqani como una forma efectiva de respaldar sus intereses en Afganistán y en toda la región, lo cual podría comprobarse si tenemos en cuenta la gran cantidad de ataques hechos por este grupo a proyectos de construcción e infraestructura indios en la zona.

Resulta también curioso que el ejército de Pakistán siga negándose a realizar operaciones militares en Waziristán del Norte, bastión del clan Haqqani, lo que ha generado conflictos diplomáticos con Estados Unidos.

El futuro de Afganistán.

Si bien durante su campaña, Donald Trump criticó el excesivo involucramiento de tropas estadounidenses en los conflictos de Medio Oriente y Asia Central, al asumir el poder, el magnate comenzó a profundizar la presencia norteamericana en Afganistán y en las últimas semanas anunció el envío de 5000 nuevos soldados.

Es que a pesar de que la intervención de Estados Unidos lleva más de 15 años, casi un cuarto de la población de ese país continúa viviendo bajo el régimen talibán según datos de Naciones Unidas.

A medida que el yihadismo pierde poder en la zona de Siria e Irak, el territorio fronterizo afgano-pakistaní ha visto un rebrote de estos conflictos, y se teme la instalación de un nuevo régimen talibán islamista. Esto se debe a que su geografía montañosa, la hace un refugio ideal para los grupos insurgentes y las guerrillas, y la autoridad de Kabul es sumamente limitada sobre las provincias.

Si bien hoy en día es casi una guerra olvidada, el conflicto en Afganistán continua presente. Sin el sostenimiento norteamericano, el gobierno de Kabul perdería todo tipo de autoridad y la instalación de un nuevo “Estado Islámico” bajo el control talibán sería una realidad cada vez más posible.


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