¿Un giro geopolítico en Corea del Sur?

May 9, 2017

El triunfo del Moon Jae in en los comicios del 9 de mayo abre la puerta a un cambio en el posicionamiento regional de Corea del Sur. Revisión de los acuerdos con Estados Unidos, Acercamiento a China y reducción de las tensiones con Corea del Norte podrían ser las próximas medidas.

 

Desde comienzos del 2017, la geopolítica asiática está mirando a la península de Corea. Este pequeño territorio de tan solo 220 mil kilómetros cuadrados y políticamente dividido en dos Estados, se ha robado la atención del escenario internacional. Y esta vez no solo por las pretensiones nucleares de Corea del Norte, sino también por la sorprendente inestabilidad política del homónimo meridional.

 

 

Se lo suele analizar como un país desarrollado de renta alta, cuna de holdings de capitales nacionales de importancia mundial como Samsung, Kia Motors, Hyundai o LG Electronics conocidos como chaebol. Sin embargo, el exponencial crecimiento económico que tuvo Corea del Sur desde la década de 1980 ha sido mucho más rápido que el avance de su cultura democrática.

 

En este país que se incorporó a la vida democrática plena recién en 1987 – y algunos incluso dirían que fue en 1992 cuando fue elegido el primer presidente no militar -, una burocracia meritocrática que pareciera heredera de los Yangban confucianos, gobierna los destinos de la nación al mismo tiempo que dirige las principales empresas del país. Esto lleva muchas veces a situaciones de corrupción como las que involucraron a la ex presidente Park Geun-hye, que obligaron a la convocatoria de estas elecciones anticipadas y en las que Moon Jae In, del Partido Democrático accedió a la presidencia del país.

 

 

Elecciones y geopolítica asiática.

 

La crisis política que atraviesa Corea del Sur es un asunto de sumo interés para sus vecinos en el Lejano Oriente. Es que, un cambio en la política exterior surcoreana podría ser otro de los factores que llevan a la reconfiguración del orden regional asiático y la escalada de tensión entre Seúl, Pyongyang y Pekín.

 

Para los conservadores surocoreanos, herederos de los gobiernos militares de Park Chung-hee y Chung Doo-hwan (1963 – 1987) y nucleados en el Partido de la Libertad (Saenuri), detrás de la remoción de la presidenta Park Geun-hye se encuentra la inteligencia de Pekín y Pyongyang, que pretenden ubicar en la Casa Azul de Seúl (Cheongwadae en coreano) alguien dispuesto a un mayor acercamiento con Corea del Norte. Este razonamiento no suena para nada fuera de la lógica, si tenemos en cuenta que desde 2008, cuando los conservadores regresaron al poder, las relaciones con Corea del Norte han ido de mal en peor, tirando por la borda todos los avances hechos durante la década de 1990 en materia de cooperación y aplicando una política de “mano dura” hacia el país vecino.

 

Por otro lado, el candidato ganador de la contienda electoral, el liberal y líder del Partido Democrático, Moon Jae-in, tiene una mirada completamente distinta de la política exterior, que podría alterar el equilibrio asiático. Desde su partido, buscan profundizar el diálogo con Corea del Norte, basados en la antigua política de “rayos del sol”, mejorar las relaciones con China y poner freno a la relación militar con Estados Unidos.

 

Los rayos del sol: Una luz en la penumbra.

 

La política de los rayos del sol, que le valió el premio Nobel de la Paz a su impulsor y presidente coreano Kim Dae Jung en el 2000, busca zanjar las disputas históricas entre las dos Coreas, entendiéndolas como parte de una misma nación y de una misma etnia, aunque separadas en dos distintos Estados Nación.  Para esto, se basa en tres ejes:

  1. Tolerancia

  2. Respeto a la existencia de ambos estados

  3. Cooperación con miras hacia la paz y reconciliación, siempre sabiendo que la relación entre ambos países es asimétrica, y que es Corea del Sur quien debe proveer asistencia para el desarrollo de Corea del Norte

 

Durante la década de 1990, la aplicación de estas políticas generó una rápida mejora de las relaciones entre ambos países mediante contactos entre funcionarios políticos y proyectos económicos comunes como el famoso Complejo Industrial binacional Kaesong que daba trabajo a aproximadamente 42.000 norcoreanos y 800 surcoreanos, y fue cerrado en 2013.

 

Sin embargo, con la vuelta del Partido Democrático al poder, se cree firmemente que estas políticas podrían volver a aplicarse para dar solución a la crisis nuclear que viven ambos países.

 

Estados Unidos: un mal necesario

 

La visión del nuevo presidente coreano, contrasta con la de su par estadounidense Donald Trump, que busca aumentar la presión sobre Pyongyang para hacerlo renunciar a su programa de armamento nuclear. Esta no es la única diferencia que sostienen ambos mandatarios ya que uno de los temas más álgidos de la campaña fue el debate sobre el recién desplegado escudo antimisiles norteamericano THAAD en suelo surcoreano.

 

Durante la maratónica campaña presidencial, Moon Jae-In se ha mostrado escéptico y distante de los Estados Unidos. Sin embargo, es poco probable que su llegada al poder deteriore las relaciones con el país americano. A pesar de que exista un mayor acercamiento con Corea del Norte y China, Corea del Sur no puede obviar que Estados Unidos es su aliado militar y estratégico desde 1945, y funciona como un fuerte contrapeso frente al gigante asiático.

 

China: un mal necesario (II)

 

Por razones obvias, las diferentes organizaciones políticas que han habitado históricamente la península de Corea, han tenido una estrechísima relación con China, siendo durante más de cinco siglos parte de un sistema comercial y cultural sino-céntrico.

 

Hoy por hoy, globalización mediante, esta situación no ha cambiado. Según datos de la OMC, el principal destino de las exportaciones de de Corea del Sur es China (USD 131 mil millones), casi duplicando a los bienes dirigidos a Estados Unidos, mientras que el principal origen de las importaciones surcoreanas también es China (USD 90,1 mil millones), más que el doble que Japón.

Por esto, Moon Jae-in necesita de forma urgente recomponer las golpeadas relaciones con el gigante asiático ya que ante la instalación del THAAD, China respondió con un boicot comercial y turístico no declarado que perjudicó la economía coreana.

 

 

En suma, el próximo presidente de Corea del Sur deberá buscar una solución a las amenazas de su vecino país del norte mientras encuentra el difícil equilibrio entre sus múltiples dependencias, en materia comercial con China y en el sector militar con Estados Unidos. Y esto solo en cuestiones de política exterior, ya que además deberá lidiar con un modelo económico que viene dando señales de agotamiento hace más de una década y que presenta un desempleo juvenil del 10% junto con una población envejecida y una desigualdad creciente.

 

Sin duda, en las espaldas de Moon, no solo se encuentra el futuro de Corea del Sur sino gran parte del equilibrio regional asiático.

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

Entradas recientes
Please reload

Síguenos
  • Facebook Basic Square
  • Twitter Basic Square
  • Icono social Instagram
  • Facebook Clean Grey
  • Gris Icono de Instagram
  • Twitter Clean Grey
  • LinkedIn Clean Grey

© 2018 by Augusto Salvatto.